¡Vaya año!
2024, un año bisiesto. En algunos momentos, la verdad, tuve la sensación de que era muy largo y no acabaría nunca. Pero ha sido un año que tenía que vivir para aprender cosas nuevas, aun estando en el mismo entorno.
Ritmo lunar
A veces, para empezar a ver con claridad la situación que te rodea y tu propio lugar en todo esto, hay que alejarse. Lo hice muchas veces este año pasado, quizá más que nunca. He sido como la Luna dando vueltas alrededor de la Tierra. Con un ritmo casi monótono, me alejaba de mi entorno habitual, luego volvía, analizaba cosas y me alejaba otra vez… Y así pasó todo el 2024.
Aprecio mucho aprender a vivir así: distanciarme cuando hace falta. Y sobre todo por sentir esta necesidad a tiempo (cuando estoy con el 25% de pilas mentales y no con el 5%).
No siempre estoy en una búsqueda intencional de respuestas. Además, he aprendido que no puedes forzarte a encontrar soluciones. Pídete las vacaciones que quieras, ve a un lugar más lejano del mundo, y aun así llevarás contigo lo que realmente eres. Si tu cuerpo y mente necesitan descanso, no saldrá otra cosa. No llegará a tu cabeza un plan detallado de la vida perfecta. Por eso, es mejor no esperar a estar agotado: sal del entorno a tiempo, para darte un respiro y pensar mientras aún tienes energía.
Irse para volver
2024 ha sido el año en el que más he viajado, y estoy enormemente agradecida por ello. Sin embargo, por algún motivo extraño, he visitado muy pocos lugares nuevos. Estuve en Canarias, Estambul, Madrid, Andorra (eso cuenta como un viaje si vivo en Barcelona? jeje), otras ciudades… También volví a Florencia por segunda vez. ♡
Todos estos lugares han tenido un carácter muy diferente,pero de todos he sacado la misma conclusión: ser uno mismo. Estés donde estés. Punto.
(Tampoco si estás agotado o cegado por la invisible carrera de los títulos en LinkedIn).
Ser tu verdadero yo es algo muy simple y, a menudo, muy difícil de cumplir. Pero es la única manera de encontrar tu camino.
Visitar la Luna es gratis
Una técnica interesante para calmar la mente y obtener respuestas es meditar. Y no me refiero a nada complicado. Se trata de lo mismo: salir del contexto actual, no físicamente, sino mentalmente. Imagina que estás sentado en la superficie de la Luna. A tu alrededor ves otros planetas y estrellas, un espacio frío e infinito. En algún lugar, a lo lejos, aparece la Tierra. Lo que te preocupa, ¿qué importancia tendría en este vasto entorno? ¿Lo entiendes?
Solo te propongo alejarte un poco. En lugar de quedarte viendo una pared justo frente a tu nariz, intenta tomar distancia. Tal vez descubras que esa pared es solo una montaña o una colina. Puede que esa montaña esté llena de senderos. Quizá puedas dar un paso atrás o cambiar de dirección. O, tal vez, ¿ya estás muy cerca de la cima?
El paso del tiempo
Al final del año viajé a casa de mis padres. En los lugares donde viviste muchos años, especialmente durante la infancia y la adolescencia, es donde más se siente el paso del tiempo y lo diferente que eres ahora. Tal vez fue la forma más lógica de cerrar un año lleno de auto-reflexiones. A pesar de todo, me sentí segura y confiada. Y, desde hace mucho tiempo, por fin me sentí yo misma tanto como es posible. Ha sido, definitivamente, uno de mis mejores viajes.
Agradezco este año por enseñarme a vivir de esa manera «lunar», por todas las reflexiones y auto-descubrimientos. He encontrado una acogedor comunidad de diseñadores en Barcelona (IxDF), donde me sentí bienvenida. Me adentré más en el mundo del diseño sin dejar de lado la programación. Empecé a imaginar mejor cuál podría ser mi futuro camino…
Pero esto ya os lo contaré en los próximos capítulos de «Un año más» 🙂