El vibe coding en diseño UX es un concepto que genera más dudas de las que parece. Hace poco, hablando con mi hermano, me dijo que probablemente lo que estoy haciendo con AI diseñando Classic HEX se llama así. Fui a leer qué significaba exactamente… y no me gustó nada.
Qué es el vibe coding en diseño UX
La definición simplificada venía a ser algo así como “programar sin saber programar”. Y ahí ya sentí rechazo. Porque no es mi caso. Yo sé programar. Simplemente, ahora paso mucho más tiempo pensando que escribiendo código.
Entonces, la pregunta empezó a ser otra: si no es exactamente eso… ¿qué es lo que está pasando?
Porque la sensación que tengo no es de superficialidad ni de improvisación. Más bien al contrario. Siento que estoy más dentro del proceso que antes, solo que desde otro lugar. Y hay un momento en el que se vuelve evidente: las cosas han cambiado. Otra vez.
¿AI quitará mi trabajo? Como ha escrito Don Norman en su LinkedIn:
«Will AI take away my job? I always say, if yoou keep trying to do the same job? Yes, it will. But if you learn to use AI properly, you will be even more in demand.»
Así que… el trabajo se ha movido
Antes, gran parte del trabajo estaba en la ejecución. Escribir código, ajustar detalles, resolver problemas paso a paso. Había fricción, tiempo invertido, y eso hacía tangible el esfuerzo.
Ahora el flujo es distinto. Piensas una solución, la describes, generas una versión, la revisas y la ajustas. El proceso es más rápido, pero también más mental. El esfuerzo no desaparece, simplemente cambia de sitio.
Y decidir bien implica criterio. Entender el sistema, anticipar comportamientos y saber reconocer cuándo algo tiene sentido y cuándo no.
Un flujo más fluido (y más llevadero)
Las herramientas también han cambiado. Los diseñadores tenemos Figma Make o Google Stitch. Los desarrolladores trabajamos con Copilot, Codex, Claude… Todo sucede más rápido, con menos fricción.
En mi experiencia, la IA no solo ahorra tiempo, también cambia cómo gestiono la atención. Puedo moverme entre tareas con más facilidad, sin esa sensación constante de saturación que antes acompañaba al multitasking. El flujo es más continuo, más ligero.
Y en ese sentido, lo encuentro más productivo. Pero hay algo curioso. El resultado es bueno, y aun así, el proceso no se siente igual.
Lo que se mueve por dentro
Empiezan a aparecer dudas que antes no estaban tan presentes.
- Esfuerzo = valor
Seguimos asociando lo valioso con lo que cuesta. Si algo sale rápido, genera desconfianza, aunque funcione mejor. - Autoría difusa
Aunque tomes todas las decisiones, hay una parte del resultado que no has construido directamente, y eso genera cierta distancia. - Pérdida de control
No ves cada paso ni entiendes cada línea. El sistema funciona, pero no es completamente transparente. - Impostor 2.0
No es solo “¿soy buena?”, sino “¿esto cuenta como trabajo real?”. Es una duda más sutil, pero bastante común.
La culpa (y de dónde viene)
En medio de todo esto aparece una sensación inesperada: la culpa. Como si usar bien estas herramientas fuera, en cierto modo, hacer trampa.
Y aquí hago referencia a las palabras de Don Norman de nuevo. En diseño, insiste en que no debemos culpar al usuario cuando algo no funciona, sino revisar el sistema.
“Good design means the technology has been designed to fit people, not for people to have to learn to conform to the technology.”
Es un principio bastante claro: la tecnología debe adaptarse a las personas, no al revés.
Pero con la IA aparece una tensión interesante. El sistema es potente, genera resultados rápidos y muchas veces visualmente buenos… pero eso no significa que entienda realmente a las personas.
“AI today can design the interaction, but without guidance from an expert Interaction Designer… the interface will look wonderful, yet fail to reflect how individual people behave.”
Esto encaja mucho con lo que estamos viviendo. La IA puede generar, pero sin criterio humano, sin iteración consciente, sin dirección… el resultado puede parecer correcto y aun así fallar en lo importante.
Y aquí es donde creo que aparece esa culpa mal colocada. El sistema no es perfecto. Pero en lugar de cuestionarlo, nos cuestionamos a nosotros.
Más responsabilidad, no menos
Desde fuera puede parecer que todo es más fácil. Y en parte lo es. Muchas tareas que antes llevaban tiempo ahora se resuelven rápido. Pero hay algo que cambia en paralelo: la responsabilidad.
Antes, si algo fallaba, podía ser una limitación técnica. Ahora, muchas veces el error está en no haber detectado algo que no encajaba.
Generar es fácil. Evaluar bien, no tanto. Y ahí es donde las bases importan más que nunca. Entender lo que haces, aunque no lo escribas todo a mano.
Entonces… ¿vibe coding?
No termino de verlo así. No porque el término sea incorrecto, sino porque se queda corto. No describe la profundidad del cambio. Si algo queda claro, es que el trabajo no ha desaparecido. Solo se ha vuelto menos visible.
Y quizá lo que estamos viviendo no es una simplificación, sino una evolución bastante natural.
Menos ejecución.
Más criterio.
Más atención.
Más responsabilidad.
Y aunque al principio se sienta raro, todo apunta a que este será el nuevo equilibrio.
Bibliografía y lecturas interesantes
- Don Norman — Guest column: I’m a computer scientist
- The Secret Life of Claude Code: Skill Is Not What You Think It Is
- Vibe Coding Aesthetic — Coding Principles
_______________________
Postdata. El segundo artículo (2) cambia bastante el enfoque. Es muy inspirador y sincero: en forma de narrativa muestra las habilidades reales que hay detrás del uso de AI. Pasamos de ser usuarios pasivos a “creadores potenciados”, y plantea de forma bastante clara hacia dónde pueden ir nuestras carreras.
El último artículo (3) me gustó especialmente porque tiene un enfoque ligero y sin ansiedad sobre todo este tema. No intenta definirlo de forma rígida, sino más bien observar qué está pasando y cómo se siente trabajar así. Creo que complementa bien la parte más crítica de Don Norman (1) con una mirada más fresca y actual.