Estaba preparando un boceto de una interfaz para un proyecto del trabajo y, en algún momento, me di cuenta de que llevaba un rato describiendo con palabras cosas que antes siempre habían sido visuales. Y ahí pensé:
hm, estoy usando una interfaz a través de palabras.
Cuando entras a un chat no piensas que sea una interfaz. Ves algo gráfico, ves mensajes, parece un messenger normal. Pero en el momento en que empiezas a diseñar dentro de él, la cosa cambia. Pensamos que las interfaces conversacionales son nuevas, pero la CLI (la línea de comandos) lleva décadas funcionando así → tecleas una orden, el sistema responde, iteras.

Lo que añadió Siri fue la voz y un lenguaje más natural, pero el patrón es el mismo: formular bien la necesidad y dirigir el flujo.

El miedo a la página en blanco
Me frustran las páginas en blanco. A veces tengo ese miedo a empezar, fuera en papel o en Figma directamente, así que prefiero distraerme un poco y empezar a diseñar en mi mente. Imagino diferentes opciones de cómo podría ser una interfaz, y ahí me ayudan mucho las referencias en internet o en otras fuentes (la inspiración para una UI no siempre está en otras UIs gráficas!). Y así arrancaba el trabajo.
Ahora puedo fusionar esa fase de diseño mental con el chat, porque
la parte de visualizar y la parte de las referencias se juntan en el mismo sitio.
La IA hace ese tránsito mucho más fluido y más rápido. Lo que tengo que hacer es empezar a imaginar, generar un primer boceto y trabajar sobre eso → puliendo imperfecciones, detallando la idea.
Las palabras son el nuevo lienzo

A veces me sorprende lo bien que la IA se lee los pensamientos. Pero no es magia. La interfaz es conversacional, y eso significa que cuanto mejor describas lo que necesitas, mejor será el resultado. Es una habilidad. Y creo que poco a poco todos vamos aprendiendo cómo hacerlo. De hecho, en mi libro he dedicado un buen espacio a un glosario honesto, justo para este tipo de cosas → aparte de comunicarse bien en la empresa, comunicarse bien con la IA, porque al final hemos de nombrar las cosas con palabras, y muchas veces son técnicas o específicas según lo que estamos diseñando.
Además, me gusta trabajar sobre algo que no sea perfecto.
Es incluso un plus, porque lo que hago es iterar e iterar, mejorando, añadiendo detalles, quitando errores, limpiando. Es justo el proceso que tengo con herramientas de diseño conversacionales como Claude Design o Figma Make. Lo encuentro fácil de usar. La única dificultad está en nombrar bien las cosas.
Saber expresarse, un soft skill que ahora pesa más
Llevamos años usando interfaces conversacionales sin llamarlas así. Lo que cambia ahora es que también diseñamos dentro de ellas. Y eso convierte algo que siempre fue un soft skill (saber hablar, saber expresarse) en una habilidad que influye directamente en el resultado del trabajo.
En diseño esto no es menor. Te facilita el proceso de pasar de lo que imaginas a lo que ves. Y le veo mucho potencial.