El mundo del diseño ha cambiado más en los últimos dos años que en la década anterior. La IA ha entrado en los flujos de trabajo, el mercado laboral se ha reajustado, y hay más recursos de formación que nunca. Y sin embargo, muchas prácticas siguen igual. Las mismas conversaciones, los mismos consejos, los mismos atajos mentales.
En este artículo no voy a hablar de lo que está de moda. Voy a hablar de lo que, desde mi punto de vista, ha dejado de tener sentido → o nunca lo tuvo del todo, pero ahora ya no hay excusa para no verlo.
Cosas que no tiene sentido hacer:
Ignorar la IA (o usarla solo para «hacer cosas chulas»)
Hay dos formas de relacionarse con la IA que ya no tienen sentido en 2026.
La primera es ignorarla. Seguir trabajando exactamente igual que antes, como si no existiera, porque «no es tan fiable» o porque «le falta el toque humano». Puede que sea verdad en algunas cosas, pero este argumento ya empieza a sonar como el de los que decían que internet era una moda.
La segunda es usarla solo de forma superficial: para generar imágenes bonitas, escribir un copy rápido o hacer un resumen. Eso está bien, pero se queda muy corto.
La IA aplicada al UX tiene un potencial enorme: para sintetizar research, generar hipótesis, explorar variantes de diseño, anticipar patrones de comportamiento, construir sistemas. Dentro de poco, saber usarla con criterio será tan básico como saber leer o tener un móvil. No es exagerado → es lo que ya está pasando.
Delegar demasiado en la IA
Dicho esto, el extremo contrario tampoco funciona.
No pidas a IA que piense por ti, por favor. Puede que salga algo bueno… pero será plano. Algo que podría hacer cualquiera.
Invertir mucho presupuesto en un máster (o lo contrario: fiarse de cursos sospechosamente baratos)
Durante años la promesa era clara: estudia un máster en UX y te abrirá puertas. Luego llegaron los bootcamps, los cursos online, las plataformas de following «cursering» donde cualquiera puede publicar cualquier cosa. La promesa cambió: aprende por tu cuenta, más barato y más rápido.
El problema es que ninguno de los dos extremos cumple del todo lo que promete. He estado en ambos «bandos» y lo digo desde experiencia.
Un máster con mucho presupuesto puede darte estructura y red de contactos, pero si el programa no está actualizado (y muchos no lo están) estás pagando principalmente por un diploma. Y un curso de una plataforma masiva puede darte nociones, pero rara vez te da profundidad, criterio o la capacidad de tomar decisiones reales en un proyecto real.
Lo que sí tiene sentido es ser muy selectivo con la calidad de lo que estudias. Profundidad antes que cantidad. Un buen libro, un curso bien construido, o incluso un proyecto propio hecho con cuidado pueden enseñarte más que diez certificados acumulados en LinkedIn (digo yo, a la que en su momento le encantaba acumular dichos certificados…).
Hace poco publique un artículo con cursos de confianza: a ver si te interesa alguno 🙂
Estudiar herramientas de diseño como si fueran el núcleo del trabajo
Antes: «¿Sabes Figma? ¿Sabes Sketch?» Era casi la primera pregunta en una entrevista.
Ahora: las herramientas cambian, se fusionan, aparecen nuevas, se quedan obsoletas. Figma sigue siendo relevante, sí, pero la IA ya genera interfaces, prototipa flujos y sugiere componentes. La velocidad a la que evolucionan estas herramientas hace que invertir meses en dominar cada función específica sea, como mínimo, una apuesta arriesgada.
Esto no significa que no haya que saber usarlas. Significa que el valor real no está en saber dónde está cada icono del panel, sino en saber qué decisión de diseño estás tomando y por qué. La herramienta es el medio. El criterio es lo que importa.
Abandonar los libros y sustituirlos por contenido online
Quizás el punto más impopular, pero el que más defiendo.
Hay una diferencia enorme entre consumir contenido y leer de manera «complicada» → más lento, parar a pensar, analizar lo leído.
Los vídeos, los hilos de LinkedIn, los artículos rápidos → todo eso puede ser útil, pero tiene un problema estructural: está optimizado para el engagement, no para el aprendizaje profundo. Es fácil de consumir y fácil de olvidar.
Un libro, en cambio, te obliga a mantener la atención y te quita las distracciones. Te expone a una idea desarrollada con rigor a lo largo de páginas. Te hace pensar, discrepar, releer. Y eso, con el tiempo, desarrolla algo que ningún curso puede darte: criterio propio.
Para trabajar bien en UX necesitas entender a las personas, los sistemas, las organizaciones, la psicología, la narrativa. Todo eso está en los libros → no solo en los de diseño, sino en los de todo tipo. Una mente bien leída toma mejores decisiones de diseño. Eso no envejece.
Pensar en UX como un proceso (cuando en realidad es una toma de decisiones)
Este es el punto que más me importa, y el que creo que menos se habla.
En la industria llevamos años hablando de «el proceso de diseño»: el doble diamante, el design thinking, los sprints, las fases de research, ideación, prototipado y validación. Y todo eso tiene su lógica. Los procesos nos ayudan a organizarnos, a comunicarnos con el equipo, a no saltarnos pasos importantes.
Pero el proceso es consecuencia de las decisiones tomadas. Las decisiones eligen en qué dirección se va a mover todo.
Puedes seguir el proceso perfecto y acabar con un producto mediocre, porque en cada bifurcación del camino hubo alguien que tomó la decisión más cómoda, la más rápida, la que no incomodaba a nadie. El proceso te lleva hasta la encrucijada. Lo que importa es qué eliges cuando estás ahí.
Pensar en UX como proceso puede darte una falsa sensación de seguridad. Pensar en UX como una serie de decisiones (con todo lo que eso implica de responsabilidad, criterio y contexto) es lo que realmente te hace crecer como profesional.
Entonces, ¿qué sí tiene sentido?
Dejarse llevar por las novedades con criterio. Usar la IA para pensar, explorar, diseñar y desarrollar perspectiva → pero sin perder la tuya propia. Hacer experimentos y proyectos personales, que son el mejor laboratorio que existe.
Estudiar, claro que sí, pero con cuidado. Vale mucho más un recurso bueno que diez mediocres.
Y leer. Siempre leer. He creado una Booklist con libros de diseño, clásicos y otros que me han dejado huella → libros que no solo enseñan, sino que cambian la forma de ver las cosas.
En 2026, lo que marca la diferencia no es el máster ni la herramienta ni el proceso. Es el criterio. Y el criterio se construye despacio, con atención y con muchas ganas de seguir aprendiendo.