¿Real… importante? ¿O real en el sentido más literal de la palabra: que pulsas un botón y algo se mueve delante de ti?
El truco está en que aquí hablamos de ambas cosas: diseñar y ver que la interfaz forma parte de algo más grande.
Historia real

(Se ve que hoy es la palabra del dia, jeje). Un desarrollador de interfaces me contó lo siguiente: durante años había tenido una sensación un poco extraña: diseñaba y desarrollaba productos cada vez más rápidos, bonitos y usables, pero casi siempre para gestionar información, agilizar trámites o vender algo.
Mientras, él quería otra cosa.
Yo quiero hacer interfaces que realmente terminen interactuando con lo físico, cosas tangibles de verdad.
Hace años empezó a hacer pequeñas automatizaciones caseras con dispositivos IoT. Hasta que un día su madre le llamó para decirle que había conseguido apagar el aire acondicionado desde el teléfono usando “el chisme” que él le había instalado.
Y pensó: ¡esto es!
Reflexión
Entendí perfectamente la sensación porque pienso lo mismo. Probablemente sea también una de las cosas que más me gustan de trabajar diseñando interfaces para robots.
Hay algo especialmente satisfactorio en diseñar un botón en Figma, verlo implementado y que, al pulsarlo, un robot haga algo en el mundo físico.
Porque en estos productos una interfaz no sirve únicamente para navegar, consultar información o cambiar una pantalla.
- Puede encender una luz.
- Mover un brazo robótico.
- Controlar una máquina.
- Cambiar el comportamiento de un coche, un electrodoméstico o un sistema de domótica.
La interfaz se convierte en el punto de contacto entre una persona y una máquina. Y entonces algunas decisiones de UX también adquieren otro peso.
Un estado poco claro, un feedback insuficiente o una acción ambigua ya no significan solamente que alguien se ha perdido dentro de una aplicación.
Puede ocurrir algo fuera de ella.
Vídeo-pausa
Como «proof of concept» os comparto este vídeo. Es una versión anterior de WebGUI que grabamos hace unos años. Es una demo legacy, pero muestra muy bien la idea: una interacción en pantalla termina provocando una acción física en el robot.
No creo que esto haga que diseñar interfaces para máquinas sea más importante que diseñar una web, una aplicación bancaria o cualquier otro producto digital.
El impacto real puede tener muchas formas. Pero reconozco que hay algo bastante especial en ver desaparecer, aunque sea por un momento, la frontera entre lo digital y lo físico.
Diseñas algo en una pantalla. Alguien lo utiliza. Y algo realmente pasa.